Una espiritualidad para los jóvenes
“Quiero ser el corazón pensante de la cabaña”

Pienso también en la figura de Etty Hillesum, una joven holandesa de origen judío que morirá en Auschwitz. Inicialmente alejada de Dios, lo descubre mirando en profundidad dentro de sí misma y escribe:
“Un pozo muy profundo está dentro de mí. Y Dios está en ese pozo. A veces consigo alcanzarlo, más a menudo piedra y arena lo cubren: entonces Dios es enterrado. Hay que desenterrarlo de nuevo”
(Diario, 97).
En su vida dispersa e inquieta, encuentra a Dios precisamente en medio de la gran tragedia del siglo XX, la Shoah. Esta joven frágil e insatisfecha, transfigurada por la fe, se transforma en una mujer llena de amor y de paz interior, capaz de afirmar:
“Vivo constantemente en intimidad con Dios”
(Benedicto XVI, Audiencia general 13 de febrero de 2013).
“En alguna parte de mí hay una melancolía, una ternura y hasta un poco de sabiduría que buscan una forma. A veces pasan dentro de mí diálogos, imágenes y figuras, atmósferas. Este repentino surgimiento de algo que tendrá que convertirse en mi verdad. Este amor a los demás que debe ser conquistado – no en la política o en un partido, sino en mí misma. Todavía hay una falsa timidez que me impide confesarlo. Y luego Dios. “La chica que no sabía arrodillarse y que también lo aprendió, sobre la áspera alfombra de coco, en una habitación de baño desordenada”. Pero son asuntos íntimos. Me gustaría poder representar en todos sus matices estos procesos interiores, la historia de la chica que aprendió a arrodillarse”.
(Diario, sábado por la mañana 22 de noviembre de 1941)